¿Quién está detrás de esta pantalla?

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¡Hola! Mi nombre es Tammara, con doble m. Me gusta que me digan Tami, Tama, o Tammara. Y, si bien mi nombre entero se escribe con doble m, me gusta que ‘’Tami’’ o ‘’Tama’’ tengan una sola.

Soy educadora sexual egresada de SEXUR y, en este momento, estoy cursando la formación docente de la especialidad de Sociología y Derecho en el Instituto de Profesores Artigas. Además, considero tener un lindo recorrido de formaciones y trayectorias personales que me permiten darle una perspectiva a mi trabajo que identifico como urgente y necesaria.

Actualmente, también trabajo como educadora referente en un club de niñes. En este trabajos encuentro comodidad y confianza para vivenciar y compartir la Educación Sexual Integral en la cotidianeidad y es un trabajo que, por cierto, me encanta.
Además de compartir datos académicos y profesionales, deseo remontarme un poco a la construcción de la adulta que les escribe hoy.

Nací y crecí en el barrio Peñarol. Allí viví toda mi niñez y mi adolescencia: jugué en sus calles, en sus veredas, en la plaza, en el patio de mi casa y en el de vecines, en el colegio y en el liceo. Crecí jugando principalmente a la pelota. También crecí totalmente traspasada por los estereotipos de género y la heteronorma, pero de esto hablaremos en otro momento.
En mi adolescencia comencé a descubrir mi personalidad transgresora y rupturista con los prejuicios que podía observar sobre la sexualidad, el cuerpo y la palabra entorno a estas temáticas. Fue dentro de una institución educativa en donde enuncié por primera vez intereses que tenía con respecto a la sexualidad, y fue ahí también en donde mi confianza con esas mismas instituciones se quebró.

A los 18 años comencé a estudiar Educación Social y salí de una burbuja de la que hacía mucho tiempo deseaba salir. Al cierre de ese año, ‘’salí del closet’’ -al que nunca tendría que haber entrado- y me fui a vivir a Maldonado con la excusa de hacer temporada.
En marzo del año siguiente volví, queriendo estudiar administración de empresas. Pfffffffff.
¡A los tres meses abandoné porque salía llorando de las clases de frustración!
Conociéndome, era un delirio creer que podría amoldarme a esa carrera.
Con 19 años me encontré llevando una vida que no deseaba: solitaria, precarizada, traspasada por varias violencias, frustrada, agotada y angustiada. Pero un día, la forma en la que me autopercibía empezó a movilizarse.

Me reencontré con amigas de la adolescencia y, compartiendo una bebida espirituosa, retomamos conversaciones sobre nuestra sexualidad, nuestros deseos y nuestro placer.
Por primera vez hablaba con alguien sobre juguetes sexuales, quienes un año después serían el producto que comenzaría a comercializar.
‘’A mi me daría vergüenza comprarlos, pero si vos me los revendes, los compraría’’, dijo una de ellas. Y mis ojos brillaron. Estaba frente a mí la posibilidad de crear algo grandioso, sólo me faltaba el capital.

Pero, ¡mira si iba a llegar con un salario mínimo a poder invertir! Y no, realmente no pude hacerlo. Tuve que esperar un año para cambiar de trabajo, vivir nuevamente en la casa de mi mamá, rendirme ante su ayuda y aprovechar una emergencia sanitaria para ahorrar lo mínimo posible durante algunos meses, y así poder realizar una compra. Por primera vez para mí, tres mil pesos uruguayos viajaron en contrabando desde Brasil.
Era una risa, parecía chiste. Pura cosita pequeña, productito barato que me permita recuperar rápido para volver a invertir.

Esperen. Ya me fuí del tema. La pregunta era: ¿quién soy?
Esa pregunta es muy complicada de responder. Si no me crees, intentalo vos.
Eso sí, si te interesó cómo sigue la historia, podes ir a leer la segunda parte en el blog.

¡Nos leemos prontito!

Con amor, Tami.

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